14 de julio de 2011

A pedales por los PACS

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Amigo Salvatore, arquitecto, soltero, deportista y confeso amante de la perfección; hace poco quiso hacer una excursión en bici junto a un grupo de belgas por el “Parc Natural de la Serra d'Espadá”. Nunca hubiese imaginado que su mountain-bike le llevaría a una odisea vacía de aventuras favorables por el angosto camino de los sistemas de información sanitarios. Afortunado será si no adquiere un nuevo apéndice sobresaliendo en el medio de su brazo.



Cayó. A plomo sobre su codo se lesionó de cierta gravedad. Los compañeros le acercaron a un centro de salud de Segorbe y allí le practicaron las primeras radiografías para atisbar el origen de tanto dolor. Chequeada la localizada escabechina le sugirieron acercarse a un hospital para su evaluación y tratamiento. El clínico de Valencia fue su opción. Los trabajadores del centro de salud de Segorbe le avisaron de que habían cometido un error al introducir el resultado de las radiografías en “el sistema” y se las habían asignado a otro paciente. Así, los datos del otro paciente fueron en papel escritos y entregados a Salvatore para que al llegar al Clínico, el personal sanitario de este centro pudiera recuperar las imágenes. – No, no entiendo la razón de la imposibilidad de reasignarlas a otra persona, no pregunté –

Fig. 4. Radiografía antero-posterior y lateral tras implantación de prótesis de cabeza radial.
prótesis de cabeza radial (from www.mapfre.com)

Estupefactos se quedaron en el clínico cuando Salva reprodujo la sugerencia segorbina – ¿Cómorl? – Así que le hicieron pasar algún tiempo en la sala de espera de “rayos” para realizarle otras radiografías. Una vez comprobada el alcance de la lesión, lo volvieron a meter a la máquina de rayos para colocar el maltrecho codo en su sitio. Esto supuso algunas radiografías más.

El codo ya en su sitio, o casi, las evidencias diagnósticas obligaban a una intervención quirúrgica en aquella moasico-cabeza de radio con ligamento lateral desprendido. Pero..... el Hospital Clínico deriva a Salva al Hospital General que es el que le pertenece por zona.

Taxi y hacia el General. Allí cuenta su aventura y ¿sorpresa? – ya no – : los sistemas del general y otros servicios de salud de no sé cuantos pueblos más del “Camp del Túria” no son compatibles con el resto. Esto, amigo mío, supone una nueva sesión de rayos X sobre tu codo. ….

Tras la nueva evaluación, Salva comenta al médico la posesión de un seguro médico privado que, a priori, cubre este tipo de accidentes. ¡Ja!, parece decir la cegadora sonrisa del experto en aparatos locomotores humanos. “Pues lo mejor que puedes hacer el acercarte a un hospital privado”. ¿El 9 d'Octube? Sí.

¡Adivinad malditos! Sí, sí, sí; jamás un hospital privado hubiese podido acceder a los sistemas de imagen digital de uno público. “Salva, pasa a rayos”. Mismo diagnóstico. “Salva, tenemos que operarte, te he pedido un TAC”. Xnnnnsssss. Pasado este punto no hacía falta fuente de radiación alguna para ver a Salvatore puesto que él ya era luminiscente. Operación, prótesis, rehabilitación, etc...

Salva pudo haber hecho un reportaje fotográfico de toda su odisea, desde el momento del accidente hasta las sesiones de rehabilitación, y pudo haberlo compartido al instante y de manera fácil (p.e en .jpg) con todos sus amigos de alguna de las redes sociales en las que esta inscrito . Sin embargo, no pudo compartir ese otro tipo de fotos cuyo formato sigue una filosofía similar aunque artificialmente más compleja (p.e. DICOM) porque, pese a ser el modelo, no era dueño de su propia información y no tenía control sobre unos sistemas supuestamente más sofisticados.

Mobile photo upload myheritage email
uploading photos on the go (from blog.myheritage.com)

Después de invertir decenas de millones de euros en sistemas de archivo y comunicación de imagen médica digital (PACS) nos encontramos este caso donde el modelo en el que te entregaban las radiografías “sobre en mano” era mejor que el actual: tenías poder sobre tus datos y te evitabas radiaciones innecesarias.

En Julio de 2011, y mañana, sin usuarios y sin médicos, en algún lugar volverán a cerrar algún acuerdo para la implantación de nuevos sistemas de información sanitarios. Mañana quedará un día menos para el cierre de Google Health. Hoy, al menos habremos aprendido varias lecciones: “Why Google Health Really Failed—It’s About The Money”-- Dave Chase--

30 de diciembre de 2010

La Azarosa Vida

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En el albor de esta agonizante década, que en realidad hace casi un año terminó, hubo un momento de coincidencia de posturas entre aquella que defendían los verdes europeos y la de la Iglesia Católica. De manera sorprendente, en el contexto del incipiente debate sobre las fuentes de aprovisionamiento de células madre, ambas organizaciones se oponían a cualquier uso de embriones humanos para fines de investigación. Las explicaciones dadas por cada uno de estos entes sobre el porqué de esta negativa difería una de la otra, tal y como corresponde a sus posturas eminentemente laica y religiosa respectivamente. Lejano el debate, el poso en el perspectivo fondo precipitado sugiere que, creencias por un lado y miedos por otro, el deseo era el mismo: dejar toda evolución de la especie humana a los designios del azar. Algunos preferirían llamarlo designios de Dios, pero es lo mismo, es cuestión de nomenclatura y/o de fe.

El azar es la principal herramienta de la que la naturaleza ha dispuesto hasta ahora para, mediante los mecanismos de prueba y error, seleccionar aquellos individuos de cualquier especie que mejor se adapten al medio, y desechar (extinguir) a aquellos otros que no lo hagan. Los mismos humanos ‘hemos utilizado’ este mecanismo para dotarnos, por azar, de un cerebro que nos hace capaces de tener conciencia de nosotros mismos y de adquirir conocimientos de manera incremental. Es esta acumulación de conocimiento la que inspira a la especie humana a plantearse la posibilidad de cambiar ese mecanismo aleatorio y, por el momento, soñar con poder arreglar, en ciertos casos, lo que a nuestro juicio el azar, en su libre albedrío, estropeó.

De esta manera, naturalmente, se ha llegado a una situación evolutiva en la que los humanos se plantean poder continuar con la evolución de una manera controlada y consciente. Esta forma de evolución es tan natural como la anterior basada en el azar. No tiene nada de artificial desde el momento en que es la misma naturaleza la que nos ha llevado a este punto. La cuestión fundamental está en la forma de continuar con esa evolución: controlada o aleatoria; aunque resulte irónico comprobar que es el azar el que justamente nos ha dado la posibilidad de cuestionar su propia eficiencia. Algunos, sobre todo los agnósticos, lo podrían ver como uno de los puntos sublimes en el devenir evolutivo de la especie humana; un paso más: ‘seguimos controlando nuestro destino’.

Resulta paradójico comprobar que, justamente aquellos que, según su propio discurso, están más comprometidos con el prójimo, buscando siempre su consuelo espiritual o la mejora de su bienestar general, aquellos que quieren una sociedad mejor y más justa, aquellos que quieren evitar todo tipo de sufrimiento a sus semejantes y que realizan todo tipo de obras para sobreponerles a las adversidades materiales e inmateriales, físicas y espirituales, políticas, económicas y sociales, esos son los que más férreamente se oponen a una investigación cuyos resultados podrían paliar muchos de los males físicos que, sin duda, derivan también en malestares espirituales de aquellos que los padecen. ¿No será que lo que realmente desean esos ‘aquellos’ es perpetuar el desasosiego y el desespero, básico para justificar su propia existencia? Quiero creer que no.
‘No es cuestión de controlar o no nuestra propia evolución, sino de equiparar los derechos de un embrión humano con los de un organismo completamente formado’, dirán los unos. ‘Las diferencias de clases, o la xenofobia, contra las que hemos luchado durante toda la vida, no pueden verse agravadas por técnicas genéticas que produzcan individuos “superiores” artificialmente’, podrían esgrimir los otros. Incluso se podría entrar en el eterno debate de si el fin justifica los medios o no. Los evito conscientemente. Son otros debates.

También resulta paradójico comprobar que mientras siempre se ha supuesto que cualquier especie de este planeta busca su perpetuación, básicamente a través de su adaptación al medio, y por tanto, a través de su “mejora” genética, también siempre, ha existido un escepticismo generalizado, cuando no total oposición, a que ello se hiciese de una manera consciente. Cualquier intervención del ser humano en los designios del azar que afectan a él mismo, históricamente se ha considerado una herejía, una injerencia inaceptable. Parece ser que se prefiere una evolución mucho más lenta, regida por ese azar, y mucho más cruel, con su mecanismo de prueba y error, crueldad aumentada por la actitud humana de ayudar al débil y perpetuar su sufrimiento, que una evolución, si llegase el caso, controlada.

El principal escollo para empezar un camino que podía conducir al alivio de millones de personas enfermas y a plantearse la felicidad física de nuestros hijos era decidir que hacer con decenas de miles de embriones congelados y dirimir si un embrión de menos de catorce días tenía o no células pertenecientes a un futurible sistema nervioso. ¿O era otra cosa? El caso es que ahora, en los últimos años de esta década, gracias a pioneros como Shinya Yamanaka y James Thomson, se han desarrollado otro tipo de técnicas que permiten obtener células madre plenipotenciarias a partir de células no embrionarias. ¿Adelante entonces? Aceleren svp.

5 de octubre de 2010

Escuchando la última rola

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El mismo sonsonete, la eterna canción, la permanente rola, disfrazada de última, de “in”, como su prefijo, pero ya vieja, desgastada, trasnochada. No se lo cree nadie. Atando cabos con el título, divertidas mezclas del Manu nos mostrarán una verdad, que justamente es lo contrario, vaya.

Profesionales del establecer cómo, expertos impositores del valor propio, cínicos mesías de la moral ajena, mercaderes y recaudadores de sufragios, maestros artesanos del vidrio campoamoriano, proselitistas por falacia, todos, que son uno, se atreven, osan, a decidir sobre el destino del popular óbolo, eligiendo las ideas cosechadas con la infalible atracción que produce la pituitaria sensualidad del comprador de almas y así predecir el innovador futuro de un país o incluso de un continente. – Todo, sí todo, sr. Chao – Son capaces de opinar sobre la arena del coso en donde nunca lidiaron, de aconsejar sobre océanos donde nunca faenaron, predecir futuros sólo con la intención, visualizar desenlaces bélicos sin haber estado atrincherados y, sobre todo, sentenciar sobre los valores de un mercado sin haberlo, jamás, siquiera rozado.

Y a ese aroma de papel sobado acuden hordas de supuestos intelectuales para mostrar sus conjeturas, deducciones e intenciones. Organizan, proponen y solicitan. Y sus propuestas se impregnan de histeria, necesidades y monotonía para, al fin, re-remezclar la fusilada rola y prolongar el hastío bajo el sol. Revelar su incapacidad, desenmascarar su mediocridad o confirmar su escasa originalidad, serían, a los ojos del imparcial conocedor, los habituales logros conseguidos. Pero al igual que la certidumbre es anulada por el estático observador heisenbergiano, la imparcialidad es una ilusión que olvida las limitaciones impuestas por la singularidad interpretativa de los mortales. Y como toda ilusión, en realidad no existe. Y si no existe, las revelaciones, descubrimientos o confirmaciones de tales propuestas serán múltiples e incluso opuestas. Y es esto lo que todos conocen y aprovechan para avanzar en su lenta desidia profesional – Todo, todo Manu –

Hostigados por el incesante martilleo de la rentabilidad, aleccionados con el accionarial mensaje del margen y conscientemente engañados con el resultado del tendencioso cálculo mumérico, los que por único objetivo tienen el esquivar la imaginaria línea que el común dedo índice de sus homólogos en el vacío señala, llaman a filas a las reses sobrantes, esas que fueron silbadas, calumniadas, malpagadas y finalmente devueltas, para que plasmen el despropósito de las ideas generadas por aquél cuyo cerebro está gobernado por la hipertrofia de una glándula pecuniaria. Estas torpes reses, de manera instintiva e instantánea, acuden al oscilante trapo tendido por aquellos hipertrofiados, ahora convertidos en matadores sin arte, y son tan veloces en asumir e incluso mejorar la oportunidad ofrecida, como los mencionados toreros en atribuirse las bovinas ideas. Es cuando el convocante a filas siente la infinita satisfacción de haber conseguido que su minúsculo y triste universo conspire en su favor. Favor que no es otro que acopiar materia, oscura o no, que sea capaz de rellenar los numerosos agujeros negros que su propia incompetencia creo a lo largo de la historia de su tiempo.

El bodrio gestado por la intervención de esta colapsada estrella es enviado al tamiz que algún electo, asesorado por públicos servidores de la insensatez y avalado por entes a lo filántropo disfrazados, ideó. Cedazo fabricado con cerdas de connivencia, que va separando proyectos y repartiendo energía sin el mínimo criterio mercantil salvo el del marketing del voto, sin el necesario conocimiento tecnológico salvo el del industrial arte de la supervivencia y sin la presencia de ética alguna salvo la abyecta moral del aquellos que la cambian a conveniencia.

Multitud de incoherentes proyectos empiezan entonces a reptar y esparcirse entre el innovador sistema. Proyectos salidos de unas huevas, en realidad estériles, que justificarán su tecnológica existencia usando cosmética barata para maquillar cualquier muestra de vergüenza. La mayoría se arrastrarán hasta ningún lugar, pues los depredadores de este ecosistema, esos que sólo saben conseguir energía destruyendo a su presa, esos que son aquellos, los toreros, los que esquivan, en un obsceno parricidio, intentarán y conseguirán aniquilarlos mientras les sirvan. Proyectos catapultados desde menopaúsicos úteros que probarán su económica existencia a base de falsas dedicaciones, convirtiendo la prima que cofinancia en el orate que sobrefinancia. Proyectos que proveen de materia, oscura, para el fogonero de insaciables sumideros, prologando su natural y merecido estatus de agorero.

Y mientras, el señor que no quiere exponer su esfinter ante la miriada de públicos sodomitas laborales que le rodean, ese, 'el que interviene', se preocupa de las rúbricas, del letrado procedimiento y de la inmaculada estética del dossier. Le importa el uso, no el resultado; antepone los medios, el fin un pimiento. Y así, toneladas de papeles son requeridos sin comprobar su correspondencia con la tecnológica realidad. La rueda, que nada tenía de innovadora, ha dado la vuelta. El sistema, que estaba condenado al cero absoluto, ya ha disipado todo el calor entre los vampiros térmicos. La retroalimentación ha sido nula o insuficiente. El que vigila la competencia, un ignorante necio.

Nuevo combustible adquirido mediante paganas cuentas públicas pondrá en marcha un nuevo ciclo, una nueva vuelta, una última rola. Pero todo, casi todo, de nuevo, será como en la canción del Chao. Es la única que conocemos; es la única que nos malsustenta.